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La
primera calle que nace con pretensiones, con todos los elementos propios
de un urbanismo moderno, es la calle de la Reina, una de las principales
avenidas del Cabañal en la actualidad, y por la que desfilan las cofradías
durante la Semana Santa Marinera. A trancas y barrancas, en lucha con el
mar y con la maquinaria administrativa, consiguen que la pesca se vaya
normalizando. Una Real Orden de Isabel II en Marzo de 1850 ya da por
sentada la práctica de la pesca del bou, disponiendo que cuando haga mal
tiempo las barcas no tengan necesidad de alejarse más de cinco leguas de
la orilla.
El
24 de Abril de 1862, un acontecimiento vino a perturbar la vida del Cabañal.
La primera locomotora cruzó la huerta. Las reacciones de la gente fueron
muy diversas. Unos, la aclamaron con frenesí; otros, se escondieron en lo
más hondo de sus viviendas y otros miraban con recelo al monstruo de
hierro. Con el tiempo, la huerta se fue acostumbrando al paso del tren, y
si algunos hombres a escondidas aún levantaban el puño amenazador,
maldiciéndolo, pocos ya lo miraban con rencor.
En la recién nacida calle de
la Reina hubo un proyecto que si que cristalizó: un teatro, pensado sobre
todo para los veraneantes. Algunos activos hombres de negocios
emprendieron la aventura de crearlo.
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La
nueva Casa dels Bous costó casi 20 años de levantar. El reloj de sol que
tiene la fachada Sur lleva la fecha de 1895. Durante largos años
constituyó una avanzadilla entre el pueblo y el mar, y Blasco Ibañez
habla constantemente de ella en " Flor de Mayo". Si su corral no
estuviera vallado podríamos ver en la fachada las cabezas de dos bueyes,
ya descornados, que simbolizan su antiguo cometido.
En
1890, en Pueblo Nuevo del Mar hay 11291 habitantes, de los cuales 2500 se
dedican a la navegación. Antonio Zarranz Beltrán, militar y diputado,
había tenido oportunidad de viajar por el extranjero. Inspirándose en el
ambiente de las playas francesas, quiso implantar en el Cabañal un
balneario que hiciese subir de tono el ambiente playero. Su primer paso
fue solicitar del Estado que le concediera unos terrenos de dominio público,
a orillas del mar, en una zona comprendida entre la acequia del Gas y el límite
por donde entonces se montaban las barracas de baño. En Octubre de 1889
obtiene la autorización para ocupar un rectángulo de 60 por 8 metros, y
construir el cuerpo central de lo que luego constituiría el balneario de Las
Arenas. A partir de entonces, acudir a la playa, sobre todo a Las
Arenas, constituía un rito social.
La
entrada en el siglo XX iba a traer muchas novedades para el Pueblo Nuevo
del Mar; la principal iba a ser la pérdida de su independencia y la
incorporación de su Ayuntamiento, a todos los efectos, al municipio de
Valencia. A pesar de que los vecinos del Cabañal siempre estuvieron en
contra de esta anexión, el 7 de Junio de 1897, el Ayuntamiento del Cabañal,
convencido de las numerosas ventajas que esta unión supondría, se
incorpora al municipio de Valencia.
En
1900, Sorolla y Benlliure son declarados hijos predilectos de Valencia, y
se rotulan con sus nombre la mitad de la calle de las Barcas y la Plaza de
la Pelota. Son los días en que en el Cabañal se produce la apertura del
restaurado Teatro de la Marina; precisamente a él ya se podía acudir en
tranvía eléctrico, que el 23 de Marzo de 1900 había sustituido al de
vapor.
Pocas
veces dos genios llegan a ser tan amigos y coinciden en tantos aspectos.
Blasco y Sorolla coincidieron en su visión de la vida, en su cronología,
en sus objetivos artísticos y en el espacio geográfico. Ambos coinciden
en el Cabañal de fin de siglo. El mismo Blasco ha contado este encuentro
de 1893 en el prólogo a su novela "Flor de Mayo" y, con más
detalle, en 1911, con motivo de la inauguración de la Escuela de
Pescadores.
En
la misma explanada donde pintaba Sorolla, entre las Termas y el Sanatorio
del Carmen, se levantó durante 26 años un monumento de gran belleza. El
busto de Sorolla, colocado sobre un ancho pedestal en el que se esculpió
el escudo de Valencia, estaba en el centro de una espaciosa plataforma
circular, levantada metro y medio sobre la arena, y a la que se ascendía
desde la playa por cuatro escaleras y unas rampas. La gran rotonda estaba
rodeada en semicírculo por las 10 esbeltas columnas toscanas de granito
que enmarcaban el busto de Sorolla. Las columnas así organizadas
sustentaban un entablamento en cuyo friso se colocó la leyenda "1863
- VALENCIA A SOROLLA - 1923" (fechas de su nacimiento y de
su muerte).
La
riada acabó con el monumento en 1957. Ese fue el triste fin de un
monumento al que todos admiraban y que había llegado a formar parte del
paisaje urbano. El busto de Sorolla se encuentra en la actualidad en el
Parque de Sorolla, situado al comienzo de la calle de la Reina.
En
1909, mientras en Valencia se vivían jornadas de exaltación regional, en
Barcelona concretamente tuvo su eclosión el malestar general, provocando
la Semana Trágica. El gobierno proclama el estado de guerra. En el Cabañal,
para albergar a los soldados heridos se utilizó un edificio que parecía
haber sido construido para hospital: la Lonja del pescado,
que la Marina Auxiliante está concluyendo en la playa de Levante. Aquí
se albergará a los soldados que regresan heridos o enfermos con la
colaboración de la Marina Auxiliante, que se apresuró a secundar la
iniciativa, poniendo a su disposición el local. También ofreció su
local El progreso pescador, tal como consta en el diploma que les otorgó
la Cruz Roja.
Poco
a poco, el fútbol es introducido en Valencia por los marinos ingleses. Lógico
que su primera cuna fueran los poblados marítimos, y que sus primeros
practicantes fueran los jóvenes e inquietos escolares, abiertos a
cualquier novedad. En 1907 se tienen noticias de la existencia de dos
equipos que destacan en los poblados marítimos: uno es el "Cabañal
" y el otro "Lo Rat Penat", que jugaba en la Malva-rosa. El
caso es que el "Cabañal" cambia de nombre en 1909, y pasa a
llamarse "Levante U.D", nombre menos localista y que
hacia una referencia directa al nombre de la playa en la que jugaban.
El
Casinet es un símbolo de la emancipación obrera/pesquera. Un símbolo
de su progreso. De ahí viene el nombre de la calle que lo flanquea.
"Progreso" significaba un nuevo horizonte tras la barrera de la
miseria y la desesperanza. Como la estructura arquitectónica del Casinet
no ha sido modificada, puede advertirse que toda la planta baja está
rodeada de puertas, como si se tratara de escaparates. Esto es así porque
la planta baja estaba destinada a tienda y almacén. El piso, a almacén.
Por cada una de las ventanas, puertas o escaparates que todavía
subsisten, se asomaban a la calle los diversos productos que necesitaban
los pescadores: carbón, carne -poca -patatas, habichuelas y verduras. Los
pescadores se llevaban fiadas todas las provisiones a las barcas y pagaban
al volver, con el producto de la venta del pescado.
Doña
Eugenia Viñes era la sobrina de Eugenio Viñes, conocido hombre de
negocios del Cabañal. Cuentan que un día Doña Eugenia pidió a Dios que
le iluminara pues había unos bienes de su herencia que no sabía a quien
adjudicar. Mientras se encontraba orando, llegaron a su casa dos hermanas
de la Congregación Hospitalaria del Sagrado Corazón de Jesús, rama
femenina de la Orden de San Juan de Dios. Una de estas hermanas, Sor María
Delfina, le insinuó si podía colaborar en la fundación de un Asilo.
Como confirma una de sus nietas, Doña Eugenia vio en esta petición un
designio de la divina providencia. La inauguración de este Asilo se
planteó como todo un acontecimiento para Valencia. Previamente, ya se había
anunciado en la prensa, en la que se ensalzaba la figura de Doña Eugenia
como dama de inagotable caridad. La inauguración tiene lugar el día del
Carmen, el 15 de Julio de 1919.
El
balneario de Las Arenas se quedaba corto. La demanda superaba a una oferta
escasa y bastante deficiente. De modo que muchos pescadores se convierten
en hosteleros. Se empiezan a construir casetas para baños y merenderos.
Estos serán los restaurantes que den origen a lo que hoy en día son los
restaurantes del Paseo Neptuno, integrados en el conjunto del Paseo Marítimo.
En
1957 la riada de Valencia afectó considerablemente a los poblados marítimos,
ya que las travesías y las calles con dirección al mar parecían auténticas
torrenteras impetuosas. El agua cubría las casas del Cabañal que eran de
una planta, y la planta baja de las que tenían dos o tres plantas. El
Sanatorio del Carmen tuvo que desalojar a todos sus enfermos porque el
agua subía y subía. La ayuda de el resto de las provincias fue crucial
para remontar todas las pérdidas.
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