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La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo:
La
semana anterior a la Pasión la vive Jesús en Betania. Habla con Lázaro. Habla
con los discípulos. Pero, sobre todo, habla con el Padre. Van a ser unos días
de oración intensa. La clarividencia es total en Jesús. Sabe lo que va a
suceder. Ya lo ha anunciado varias veces con gran detalle. Además, para
cualquier mente despierta era claro que se iba a producir una confrontación
total con las cabezas del pueblo. Todo iba a quedar claro en aquellos días. Los
discípulos lo ven, pero no lo ven todo, pues desconocen la profundidad del
drama. Desconocen la fuerza del pecado y la violencia del diablo. Ellos no lo
saben, pero Jesús sí lo sabe. En esos días reafirma su voluntad humana y
divina de entrar en la lucha de ese modo tan sorprendente que será ir humilde a
la muerte sin defenderse. Va a convertir la confrontación en un sacrificio. Va
a demostrar que el amor es más fuerte que la muerte. Va amar a todos a pesar de
todas las dificultades. Y eso es el contenido de su oración dolorida y amorosa,
valiente y silenciosa.
El sábado fue un día de especial oración. Jesús, como el soldado antes de la
batalla, vela su espíritu para lo que va a suceder. Su mente ve, su voluntad
quiere, su corazón ama. Siente el rechazo y la resistencia, es tentado más
intensamente de lo que fue en el desierto, pero sigue firme la respuesta
generosa de amor al Padre y a los hombres
El
martes santo
( Día especialmente celebrado por nuestra Hermandad )
Autor:
P. Enrique Cases
El día de las grandes controversias
La noche del lunes fue como la del domingo: enseñanzas a los discípulos y
mucha oración. Jesús está en máxima tensión. El ambiente de paz de Betania
ayuda a relajar los espíritus, pero Jesús no cede en su lucha y necesita
rezar.
El martes acude al Templo por el camino tantas veces recorrido. Los rostros de
los que le acompañan están serios; ya no hay vítores de los acampados
alrededor de Jerusalén, ni en la misma ciudad. Pero muchos quieren oír y ver
al Maestro, al Hijo de David, al que resucitó a Lázaro, al que se ha
proclamado Hijo del Padre eterno. Este día todos los grupos que se oponen a Jesús
se van a unir y emplear sus armas dialécticas para destruirle. "Siguieron
observando y le enviaron espías que simulaban ser justos para cogerle en alguna
palabra y entregarlo al poder y jurisdicción del gobernador"(Lc).
Muchas cosas van a quedar claras en este día y mucha va a ser la luz para los
de mente y corazón abiertos.
El pago del tributo al César
Los fariseos se habían enfrentado con Jesús tanto el domingo como el lunes y
estaban avergonzados. Ahora van a enviar discípulos camuflados para cogerle en
una palabra comprometida; le preparan una pregunta que creen sin solución, o
mejor, con todas las soluciones posibles negativas para Jesús: es la cuestión
de la relación de la esfera religiosa con la autoridad política, gran tema de
todos los tiempos y que tantos problemas ha llevado consigo. Acuden con
retorcimiento mental, con adulación y falsedad y acompañados de los
herodianos, que eran partidarios del poder de los romanos y de Herodes.
La cuestión se plantea así: "Entonces los fariseos se retiraron y
tuvieron consejo para ver cómo podían cazarle en alguna palabra. Y le enviaron
sus discípulos, junto a los herodianos, a preguntarle: Maestro, sabemos que
eres veraz y que enseñas de verdad el camino de Dios, y que no te dejas llevar
de nadie, pues no haces acepción de personas"(Mt). La suavidad de las
palabras esconde la malicia. Ciertamente Jesús es veraz, pero a ellos no les
interesa la verdad, sino atraparle y entregarlo como prisionero. Por eso
plantean la cuestión que les parece insoluble. "Dinos, por tanto, qué
te parece: ¿es lícito dar tributo al César, o no?". El tema aparente
es sólo el del impuesto, pero detrás lleva mucha más carga. Si responde que
no se pague tributo al Cesar se hace reo de rebelión y puede ser tomado preso
por los herodianos o los romanos. Si dice que se pague el tributo se hace
colaboracionista, y acepta el yugo gentil sobre el pueblo elegido, algo
intolerable para muchos. No parece haber más salidas. El nivel más profundo
del tema es el de la relación de lo religioso y lo político. ¿Tiene que
regirse el pueblo por las leyes de Dios y ser gobernando por los sacerdotes? ¿O
acaso debe tomar la dirección de lo religioso el poder político? En la
historia se han dado las dos soluciones con malos frutos casi siempre.
Ciertamente la cuestión es compleja.
Jesús no rehuye el problema del momento, ni el más profundo, y va a dar una
solución que recorrerá la historia a partir de entonces. "Conociendo
Jesús su malicia, respondió: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme
la moneda del tributo. Y ellos le mostraron un denario. Jesús les preguntó: ¿De
quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: Del César. Entonces
les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de
Dios"(Mt). La solución sorprende a todos. Toda autoridad viene de
Dios, pues la sociedad necesita de la autoridad para no caer en el caos y en la
anarquía. Se debe obedecer a esa autoridad en sus mandatos justos y en las
leyes que no sean inmorales; pero lo político es autónomo de lo religioso. Por
tanto es lícito pagarle el tributo al César que lo necesita para su función,
pero siempre dando a Dios todo el corazón que es lo suyo propio. "Al oírlo
se quedaron admirados y dejándole se marcharon"(Mt). "Y no
pudieron acusarle por sus palabras ante el pueblo y, admirados de su respuesta
se callaron"(Lc). Los siglos siguientes contemplan esta respuesta como
un giro importante en una cuestión difícil, y casi nunca bien resuelta.
El primer mandamiento de la ley
En el movimiento de los grupos surge una pregunta de uno que ha quedado
cautivado por las palabras del Señor. "Se acercó uno de los escribas,
que había oído la discusión y, al ver lo bien que les había respondido, le
preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?"(Mc).
Muchos eran los preceptos que se atribuían a la Ley. Unidos los de la sagrada
Escritura y los de las diversas tradiciones rabínicas eran más de seiscientos.
Su cumplimiento parecía imposible para los hombres de buena voluntad. Por otra
parte parecía difícil, si no imposible, ordenarlos según su importancia. La
luz de las palabras de Jesús ante las cuestiones anteriores ilumina el alma del
escriba de buena voluntad, y sin consultarlo con otros, se lanza a preguntar con
auténtico deseo de saber, no para atacar al Señor con astucias.
Jesús respondió con palabras conocidas por todos los israelitas, con palabras
del “shemá Israel” que recitaban todos los días tres veces: <I<"EL
i éstos?< que mayor mandamiento otro hay No mismo. ti a como prójimo tu
Amarás éste: es segundo El fuerzas. tus todas con y mente toda alma corazón
todo Dios Señor al amarás Señor; único el nuestro Israel, Escucha, es:
primero>(Mc). Une el mandamiento del amor a Dios y el del amor al prójimo, y
las palabras antiguas del Éxodo y el Levítico parecen nuevas en su boca.
Precisamente, se trata de entender el verdadero amor. Se trata de comprender que
el amor es algo más que amor propio. El amor supera el egoísmo, quiere el bien
del otro; se olvida de sí, se entrega y busca una unión que es comunión de
identificación entre personas. El que ama tiene todo su pensamiento en la
persona amada, quiere lo que ella quiere, siente con su sentir, se olvida de sí,
se entrega hasta lo más hondo. Entender y vivir el amor es el núcleo de lo que
enseña Jesús, y los próximos días lo va a vivir en su grado máximo.
El escriba entiende lo que se le dice, se entusiasma y le responde: "¡Bien
Maestro!, con verdad has dicho que Dios es uno solo y no hay otro fuera de El; y
amarle con todo el corazón y con toda la inteligencia y con toda la fuerza, y
amar al prójimo a como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y
sacrificios"(Mc). La luz se ha hecho en su interior, repite casi las
mismas palabras de Jesús y de la ley, pero hay un nuevo entendimiento que le
llena el corazón y le enciende el ánimo. "Viendo Jesús que le había
respondido con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios"(Mc).
Le faltaba hacer operativo aquel amor que nace en su interior y seguir al
Maestro con todas sus consecuencias. "Y ninguno se atrevía ya a hacerle
preguntas"(Mc).
La ofrenda de la viuda
Los enemigos se retiran. Jesús se mueve por el Templo con libertad cuando
ocurre un hecho que le conmueve y le sirve de ejemplo para educar a los discípulos.
"Sentado Jesús frente al gazofilacio, miraba cómo la gente echaba en
él monedas de cobre, y bastantes ricos echaban mucho. Y al llegar una viuda
pobre, echó dos monedas, que hacen la cuarta parte del as. Llamando a sus discípulos,
les dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más en el
gazofilacio que todos los otros, pues todos han echado algo de lo que les
sobraba; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su
sustento"(Mc).
Aquella mujer está ajena a los sucesos del Templo, bastante tiene con sus
preocupaciones. Jesús dice que Dios mira el corazón de aquella mujer y valora
el amor de lo que hace. Es bien conocido que la limosna hecha con ostentación
es un acto que pierde su eficacia de amor a Dios y al prójimo. La viuda gana el
corazón de Jesús que se alegra de su fe generosa, aunque pareciera tan poco lo
que entregaba.
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